Sesenta Años de Corín Tellado
>Es la autora más leída en español después de Cervantes. Tiene en su haber más de cinco mil novelas. Ha vendido más de cuatrocientos millones de ejemplares. Ha sido tan prolífica que durante algún tiempo se sospechó que Corín Tellado era el pseudónimo de un grupo de escritores. La reina del género rosa, como también se le llama, ha nutrido la vida sentimental y erótica de sus millones de lectores. Lo ha hecho con historias light cargadas de prejuicios y estereotipos. La virginidad como pureza absoluta; la meta del matrimonio bien avenido, de preferencia con un millonario de buena familia; la viudez como única forma de escapar a los casamientos desgraciados; las clases acomodadas como centro y aspiración del universo social; la abnegación como característica esencial a la maternidad; el amor que lo puede todo. Besos amelcochados en medio del drama de la vida. Hombres apuestos y mujeres bonitas enfrentados al rechazo de la sociedad antes de triunfar como la pareja perfecta. Hay que ubicarla en su contexto. Corín Tellado estudia en colegios de monjas y su vida transcurre durante la cerrazón franquista. Es simpatizante del Opus Dei y se muestra reservada para hablar de ciertos tópicos. Del divorcio, por ejemplo, opina que “se trata de un adulterio legalizado, y a mí no me gusta el adulterio”.
Una pornógrafa inocenteNace el 26 de abril de 1927 en Viavélez, Asturias, como Socorro Tellado López. Sus hermanos, todos ellos varones, comenzaron a llamarla “Socorrín”, y más tarde “Corín”. Desde adolescente empieza a escribir. Descubre que no le costaba mucho trabajo y que no lo hacía tan mal. Para 1945, cuando un librero en Cádiz le da a leer una novela de amor, ella la hojea y le dice: “Mejor la escribo yo”. Para 1946 ya tiene su primer obra publicada: Atrevida apuesta. De tema marinero (su padre había sido maquinista naval), por este texto recibe la cantidad de tres mil pesetas. Es el comienzo de una larga trayectoria literaria. No pasa un año antes de que editorial Bruguera la contrate para escribir una novela semanal. Solía escribir 25 cuartillas diarias. En una ocasión escribió una de sus novelas en un solo día. “Me basta coger un bolígrafo y hacer que surja la trama. A ratos lo hago muy rápido, en ocasiones me cuesta más, pero no tengo problema. Una vez que doy con el argumento adecuado, trabajo sin descanso hasta que obtengo lo que quiero de la idea. Pero no creo en la inspiración espontánea. Coincido con Camilo José Cela cuando dice que la inspiración es tacaña”.Guillermo Cabrera Infante la llamó “una pornógrafa inocente”. En sus obras todo giraba alrededor del sexo pero no había sexo. Eran besos calientes disfrazados de castos, promesas de amor eterno para seducir y ser seducidos. Durante el franquismo ella misma fue objeto de la censura. “Por eso aprendí a sugerir, más que a mostrar”. Cabrera Infante se encargó de leer sus obras como corrector de pruebas de la revista Vanidades. En 1951 esta publicación la contrató para entregar dos novelas cortas inéditas al mes. El resultado no se dejó esperar: la revista pasó de un tiraje de 16 mil a 68 mil ejemplares mensuales. El propio Cabrera Infante declaró que Corín Tellado había sido una influencia decisiva en su carrera de escritor. Otro que la admiró fue Mario Vargas Llosa; ensalzó su obra y la llamó “escribidora”.En 1979, tras la muerte de Franco, Corín Tellado escribe 26 novelas eróticas. Lo hace bajo el pseudónimo de Ann Miller. Se trata de un homenaje a Henry Miller, uno de sus autores favoritos. De nueva cuenta, el sexo no es tan explícito. “No se trata de un asunto de pudor sino de estética. Mis mujeres se desnudaban pero con buen gusto”. Para burlar la censura, las obras se registraron como si su autora fuera extranjera. “Debía ocultar mi identidad porque eran demasiado fuertes para la época”. Todo era producto de su imaginación: “Puedo escribir la escena más sensual y erótica y estar en un despacho junto a mi hijo, con una manta sobre las piernas y tomando un chocolate”.
Se casó de negroSu esposo le decía que besaba muy bien.-Corín, ¿dónde aprendiste?-En mis novelas. Escribiendo sobre besos en mis obras.Su vida amorosa no fue muy afortunada. La reina de la novela rosa tuvo una endeble vida romántica. Ella misma lo dice en su autorretrato: “Sentimentalmente, he tenido mi parcela desdichada, pero no me quejo”. Se casó en 1959 con Domingo Eguzquizaga, un hombre alto y apuesto como el estereotipo de sus protagonistas. La suerte estaba echada: se casó de negro, como premonición de un matrimonio infeliz. “Mi pareja, pese a los papeles que nos casaron, me parece que nunca supo corresponder al sagrado deber de dar felicidad, ni por malo ni por bueno, sencillamente yo soy una persona sensible y no acerté en la elección”. Tenía un amor secreto (la leyenda afirma que se trataba de un marinero), pero Corín Tellado, si bien se separó, jamás se divorció ni conoció otro hombre. “Hoy soy viuda y nunca me divorcié; cuando pude hacerlo, no existía el divorcio en España, y cuando tuve carta blanca según la ley, el sol había pasado ya por mi puerta y me quedé sentada en el banco de la estación de trenes”.
Nosotras con la venda en los ojosCorín Tellado obedeció a los rigores morales de su época: “Fui tan cuidadosa con el qué dirán y tan recta que, a lo mejor, me olvidé un poco de vivir”. Pero, por el otro lado, se rebeló también ante el papel de mujer sumisa que le correspondía: “Mi esposo no era mujeriego ni borracho ni mal amante. ¿Qué pasó? Que no lo soportaba. No le quise ni antes, ni durante, ni después. Siempre fui muy libertaria y siempre hice lo que me dio la gana. No encajaba con alguien tan estirado y tan tradicional”. Le ayudó la independencia económica. Desde muy joven contó con sus propios medios de subsistencia. Durante un tiempo la editorial Bruguera le pagaba 33 mil pesetas mensuales. Tenía otros ingresos por publicar en Vanidades y por los derechos de filmación y de fotonovela de sus obras. “Yo sí vivo de escribir, y vivo bien”. Con esa libertad pudo hacer su vida sin estar sujeta a la voluntad masculina. Sus ideas a este respecto son muy claras. Opina: “Nosotras hemos avanzado, pero serán las hijas de mis nietas quienes ocupen el mismo lugar que los hombres. ¿Cuántos siglos llevan dominándonos? Ellos con el látigo en la mano y nosotras con la venda en los ojos”. Corín Tellado no entiende a las mujeres que aguantan el maltrato o no lo denuncian. “Antes prostituirse que permitir un golpe”, dice.Con la caída del franquismo supo adaptar sus historias a la nueva realidad social. “Muchos autores de mi generación se quejaban de que el franquismo los ahogaba. Terminó el franquismo y continuaron sin escribir un pimiento. Yo me adapté a los tiempos”. Ahora sus personajes lidian con nuevos tópicos como el aborto, el divorcio, las familias desintegradas. A sus ochenta años opina que la virginidad es un estado mental. Bien mirado, en sus novelas, incluso en las más tempranas, hay visos de una solidaridad hacia los problemas de la mujer que tienen que ver con la subversión más que con la sumisión. No por nada sufrió la censura franquista: por ubicar los sentimientos y las acciones de las mujeres en el plano de la literatura, en una época donde los que hablaban y escribían eran los hombres. Eran novelas “atrevidísimas. Ponía besos y nadie los ponía en esos tiempos. Hay mujeres que me encuentran ahora y me dicen que me quieren mucho porque les descubrí una vida que no era la vida que la sociedad les imponía”. Claro, están llenas de estereotipos y del deber ser. Pero, ¿qué otra cosa podría esperarse de una literatura light? La reina de las novelas rosa es clara al respecto: “para bien o para mal, soy una autora que cuenta historias, con amor, con desamor, con tragedias, con lágrimas o con risas, siempre he buscado la mejor forma de entretener al público lector, ese gran público como se le suele llamar, que es el que nos alza o nos mengua, porque según les agrademos, así se multiplican las ventas”.
Una pornógrafa inocenteNace el 26 de abril de 1927 en Viavélez, Asturias, como Socorro Tellado López. Sus hermanos, todos ellos varones, comenzaron a llamarla “Socorrín”, y más tarde “Corín”. Desde adolescente empieza a escribir. Descubre que no le costaba mucho trabajo y que no lo hacía tan mal. Para 1945, cuando un librero en Cádiz le da a leer una novela de amor, ella la hojea y le dice: “Mejor la escribo yo”. Para 1946 ya tiene su primer obra publicada: Atrevida apuesta. De tema marinero (su padre había sido maquinista naval), por este texto recibe la cantidad de tres mil pesetas. Es el comienzo de una larga trayectoria literaria. No pasa un año antes de que editorial Bruguera la contrate para escribir una novela semanal. Solía escribir 25 cuartillas diarias. En una ocasión escribió una de sus novelas en un solo día. “Me basta coger un bolígrafo y hacer que surja la trama. A ratos lo hago muy rápido, en ocasiones me cuesta más, pero no tengo problema. Una vez que doy con el argumento adecuado, trabajo sin descanso hasta que obtengo lo que quiero de la idea. Pero no creo en la inspiración espontánea. Coincido con Camilo José Cela cuando dice que la inspiración es tacaña”.Guillermo Cabrera Infante la llamó “una pornógrafa inocente”. En sus obras todo giraba alrededor del sexo pero no había sexo. Eran besos calientes disfrazados de castos, promesas de amor eterno para seducir y ser seducidos. Durante el franquismo ella misma fue objeto de la censura. “Por eso aprendí a sugerir, más que a mostrar”. Cabrera Infante se encargó de leer sus obras como corrector de pruebas de la revista Vanidades. En 1951 esta publicación la contrató para entregar dos novelas cortas inéditas al mes. El resultado no se dejó esperar: la revista pasó de un tiraje de 16 mil a 68 mil ejemplares mensuales. El propio Cabrera Infante declaró que Corín Tellado había sido una influencia decisiva en su carrera de escritor. Otro que la admiró fue Mario Vargas Llosa; ensalzó su obra y la llamó “escribidora”.En 1979, tras la muerte de Franco, Corín Tellado escribe 26 novelas eróticas. Lo hace bajo el pseudónimo de Ann Miller. Se trata de un homenaje a Henry Miller, uno de sus autores favoritos. De nueva cuenta, el sexo no es tan explícito. “No se trata de un asunto de pudor sino de estética. Mis mujeres se desnudaban pero con buen gusto”. Para burlar la censura, las obras se registraron como si su autora fuera extranjera. “Debía ocultar mi identidad porque eran demasiado fuertes para la época”. Todo era producto de su imaginación: “Puedo escribir la escena más sensual y erótica y estar en un despacho junto a mi hijo, con una manta sobre las piernas y tomando un chocolate”.
Se casó de negroSu esposo le decía que besaba muy bien.-Corín, ¿dónde aprendiste?-En mis novelas. Escribiendo sobre besos en mis obras.Su vida amorosa no fue muy afortunada. La reina de la novela rosa tuvo una endeble vida romántica. Ella misma lo dice en su autorretrato: “Sentimentalmente, he tenido mi parcela desdichada, pero no me quejo”. Se casó en 1959 con Domingo Eguzquizaga, un hombre alto y apuesto como el estereotipo de sus protagonistas. La suerte estaba echada: se casó de negro, como premonición de un matrimonio infeliz. “Mi pareja, pese a los papeles que nos casaron, me parece que nunca supo corresponder al sagrado deber de dar felicidad, ni por malo ni por bueno, sencillamente yo soy una persona sensible y no acerté en la elección”. Tenía un amor secreto (la leyenda afirma que se trataba de un marinero), pero Corín Tellado, si bien se separó, jamás se divorció ni conoció otro hombre. “Hoy soy viuda y nunca me divorcié; cuando pude hacerlo, no existía el divorcio en España, y cuando tuve carta blanca según la ley, el sol había pasado ya por mi puerta y me quedé sentada en el banco de la estación de trenes”.
Nosotras con la venda en los ojosCorín Tellado obedeció a los rigores morales de su época: “Fui tan cuidadosa con el qué dirán y tan recta que, a lo mejor, me olvidé un poco de vivir”. Pero, por el otro lado, se rebeló también ante el papel de mujer sumisa que le correspondía: “Mi esposo no era mujeriego ni borracho ni mal amante. ¿Qué pasó? Que no lo soportaba. No le quise ni antes, ni durante, ni después. Siempre fui muy libertaria y siempre hice lo que me dio la gana. No encajaba con alguien tan estirado y tan tradicional”. Le ayudó la independencia económica. Desde muy joven contó con sus propios medios de subsistencia. Durante un tiempo la editorial Bruguera le pagaba 33 mil pesetas mensuales. Tenía otros ingresos por publicar en Vanidades y por los derechos de filmación y de fotonovela de sus obras. “Yo sí vivo de escribir, y vivo bien”. Con esa libertad pudo hacer su vida sin estar sujeta a la voluntad masculina. Sus ideas a este respecto son muy claras. Opina: “Nosotras hemos avanzado, pero serán las hijas de mis nietas quienes ocupen el mismo lugar que los hombres. ¿Cuántos siglos llevan dominándonos? Ellos con el látigo en la mano y nosotras con la venda en los ojos”. Corín Tellado no entiende a las mujeres que aguantan el maltrato o no lo denuncian. “Antes prostituirse que permitir un golpe”, dice.Con la caída del franquismo supo adaptar sus historias a la nueva realidad social. “Muchos autores de mi generación se quejaban de que el franquismo los ahogaba. Terminó el franquismo y continuaron sin escribir un pimiento. Yo me adapté a los tiempos”. Ahora sus personajes lidian con nuevos tópicos como el aborto, el divorcio, las familias desintegradas. A sus ochenta años opina que la virginidad es un estado mental. Bien mirado, en sus novelas, incluso en las más tempranas, hay visos de una solidaridad hacia los problemas de la mujer que tienen que ver con la subversión más que con la sumisión. No por nada sufrió la censura franquista: por ubicar los sentimientos y las acciones de las mujeres en el plano de la literatura, en una época donde los que hablaban y escribían eran los hombres. Eran novelas “atrevidísimas. Ponía besos y nadie los ponía en esos tiempos. Hay mujeres que me encuentran ahora y me dicen que me quieren mucho porque les descubrí una vida que no era la vida que la sociedad les imponía”. Claro, están llenas de estereotipos y del deber ser. Pero, ¿qué otra cosa podría esperarse de una literatura light? La reina de las novelas rosa es clara al respecto: “para bien o para mal, soy una autora que cuenta historias, con amor, con desamor, con tragedias, con lágrimas o con risas, siempre he buscado la mejor forma de entretener al público lector, ese gran público como se le suele llamar, que es el que nos alza o nos mengua, porque según les agrademos, así se multiplican las ventas”.
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