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El hundimiento del Graff Spee

En la bahía de Montevideo, desde las ramblas, se alcanza a distinguir, a lo lejos, el mástil de un acorazado. Se trata del Almirante Graf Spee, hundido el 17 de diciembre de 1939 en un temprano y conosureño episodio de la segunda guerra mundial. El mástil es todo lo que se ve, perdido en el horizonte, entre la bruma del puerto. La vida de este panzerschiff fue breve. Zarpó de Alemania, con una tripulación de 1200 hombres, el 21 de agosto de ese 1939. Su misión: patrullar el Atlántico y el Índico en busca de cargueros ingleses. Recurrió al camuflaje para parecer un buque de guerra británico. Así hundió nueve barcos mercantes –un total de cincuenta mil toneladas- antes de encontrarse, a doscientas millas de Punta del Este, en la desembocadura del Mar del Plata, con tres acorazados enemigos. Se trataba del crucero pesado Exeter, y de los cruceros ligeros Ajax y Achilles, con los que sostuvo un intenso combate. Una hora duró el intercambio de metralla. El Exeter tuvo que retirarse con serios daños y muchas bajas, en tanto que el Graf Espee, acosado por el Ajax y el Achilles, buscó refugio en el puerto de Montevideo. El navío alemán ostentaba grandes hoyos en el costado de babor, en el puente, en cubierta, en las torretas de los cañones. Los marineros lamentaban la muerte de compañeros como Max Scharnow y Edgar Grigat, entre muchos otros, destrozados con proyectiles de 150 y 203 milímetros. El capitán, Hans Langsdorff, pensó que podía curar a sus heridos y hacer reparaciones en un país neutral. Pero la diplomacia británica se movió con rapidez y encontró diversos obstáculos que lo condujeron a una extrema decisión: hacer volar él mismo su barco para evitar que cayera en manos británicas. Así lo hizo. Se descompusieron siete de sus ocho motores, haciéndolos funcionar sin lubricación, y con el restante se enfiló fuera del puerto, para activar los mecanismos explosivos. A las 19:56 se escuchó la primera explosión. El acorazado se fue a pique. Las aguas no eran profundas, y el mástil quedó visible, ladeado. Langsdorff se suicidó. Los tripulantes del Graff Spee fueron internados en Uruguay. Algunos se casaron y otros se fugaron, como Paul Ascher, primer oficial de artillería, quien burló la vigilancia para regresar a Alemania y morir, años después, en el hundimiento del Bismarck. El 17 de agosto de 1945 un submarino alemán, el U-977, se rindió incondicionalmente en aguas del Mar del Plata, tras navegar sumergido desde Noruega. Se sospechaba que a bordo viajaba Adolf Hitler. Su capitán, Heinz Schaeffer, dijo que habían decidido su destino por el buen trato que en Uruguay y Argentina habían recibido los marineros del Graf Spee.

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